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Tengo 22, licenciada en letras de la UCV

Amaya

Me llamo Amaya Barrios y soy licenciada en letras de la UCV... Me encanta escribir y es lo que pienso hacer en este blog... Bienvenidos....

viernes, 10 de junio de 2011

Personajes

Franlyn Stein: corpulento e inmenso con unos toques de retraso va de forma sigilosa por los terrenos de la residencia católica de los Teques ocultando sus casi 30 años. Va cabizbajo y sólo sube la mirada para verle el trasero a las muchachas después que pasan. Sólo observa, desde su cabina de vigilancia, todo lo que ocurre. Le gusta crear historias de las chicas y sumergirse en sus fantasías e imaginación con la ayuda del humo de un cigarro que parece nunca acabarse en su boca. Todo intruso, todo el que no sea de la residencia, representa una amenaza para él y sigue muy bien las reglas y las órdenes que le dieron de “proteger”, pero ser un poco tartamudo, nervioso y no ver a los ojos, provoca risas y bromas en las niñas que en vez de acercarse a él en busca de resguardo, se alejan y lo ven como un tipo raro. Todo este comportamiento se debe a que su papá era un señor extremadamente religioso y reprimido, y en su casa nadie podía opinar ni decir groserías. Debía ser perfecto y hacer las cosas de cierta manera. En el colegio se burlaban de él por sus modales de maricón y por sus uñas cada vez más cortas y dentro del pellejo a causa de los métodos radicales del padre ante los errores de formas de hablar o las notas bajas de la escuela. Iba cortándoselas hasta que salía sangre como parte de un castigo nunca provocado. Siempre estuvo enamorado de su madre. De esa mujer que lo ayudaba y protegía de todos los males. Que lo calmaba e introducía en mundos creados en cuentos de noche. Que lo convertía en superhéroe y domador de leones. Que le permitía escapar del infierno de su vida. Que lo salvaba y mantenía vivo. Por esa razón, Franklyn igualaba y comparaba a todas las mujeres con ella. Es el típico serial killer del que todos sospechan cuando ocurre algo malo. El hecho es que Franklyn puede ser cualquier cosa. Es un posible. Un posible todo.

Sonia Loboa: su disgusto consigo misma le ha hecho perder el control de su cuerpo, humor y mente. Para una profesora de 40 años sus capas de piel y sus estrías han acabado con sus senos enormes haciéndolos colgar al igual que el pellejo de su papada y sus brazos. Come para calmar sus necesidades como mujer ya que el tratar de satisfacerse a sí misma ha terminado por aburrirla. Al dar clases en la universidad ve con deseo a las muchachas del salón y memoriza todos los pequeños detalles: la forma en que se muerden los labios, la manera en que juegan con su cabello, la suavidad de su tono de voz y el olor a frutas que desprenden, para luego provocar las mismas sensaciones con una barra de chocolate o un cachapa full de mantequilla. Los estudiantes se sorprenden al verla caminar con bufandas extravagantes y lentes de sol de última moda que sólo buscan saciar su querer ser joven y bella. El hecho de ocultar su lesbianismo desenfrenado ha acabado con ella misma. Está frustrada por orgasmear tan sólo con los alimentos que ingiere y busca un escape en las carajitas que la provocan sin cesar en la facultad. Su único anhelo es relacionarse con alguna de ellas y penetrarla, llenarla, envolverla, vaciarla y tragársela.

jueves, 26 de mayo de 2011

Reveron

Reverón, una magnífica película de Diego Rísquez que sin duda alguna volvería a ver, me atrapó por completo desde el principio donde la alegría de un pueblo, incita a adentrarnos en un mundo desconocido, en un mundo fuera de lo normal y común, en un mundo al que no estamos acostumbrados. La música abarcando los escenarios de pasión, locura, pintura, amor, recreos, seducción, colores y luz me inundaron de una felicidad indescriptible. Los tambores me invitaban constantemente a adentrarme en la historia y bailar con Armando mientras hacía sus ritos antes de usar la paleta de colores. Juanita, con su cariño, dulzura y ternura hicieron que no quisiera irme nunca del Castillete; hizo que me sintiera en casa, que me sintiera cómoda y que me sintiera segura. Armando con sus juegos me divirtió e hizo que estallara en carcajadas en varias ocasiones. Sí me hubiese gustado que su locura, como siento con el verdadero Armando Reverón, hubiese sido menos burlona, menos de payaso. Me hubiese encantado que su locura se hubiese mostrado como una pelea interna, algo de no encajar, de estar en una tormenta constante, pero por dentro; Una enajenación muda, una demencia que se lleva adentro. Quedé con ganas de más silencios, como el del principio, porque así, se entiende más el personaje, con pura imagen. Puros rostros, pura luz. Entiendo que Armando cuando tenía visita hacía un show donde jugaba con el duelo que tenía entre la realidad y la fantasía, lo irreal, la ficción, pero esto no era un estar constante, no era así permanentemente; Todo lo contrario, era reflexivo, pensativo, ensimismado, abstraído de las verdades absolutas. Faltó esto y se vio una actuación, aunque extraordinaria, sobreactuada un poco en el sentido de que imaginaba a este personaje más calmado y más recogido, absorto en lo que él creía que era el mundo, su mundo propio. No lo veía haciendo ritos con velas, sino simplemente sentado viendo el mar, abrumado por la grandeza de la naturaleza que lo rodeaba. A partir de esto debo decir que Juanita para mí, salvó la película. Qué grande, qué asombrosa, qué sorprendente. Simple pero fuerte. Sencillo pero con una potencia increíble.
Me encantó y quedé maravillada de que se pueda hacer algo de esta magnitud en este país. Una belleza.

lunes, 23 de mayo de 2011

Taxi Driver


Martin Scorsese trabaja en taxi driver (1976) a las criaturas de la noche. Los hombres lobo se convierten en travestis, las zorras en prostitutas, los búhos en malandros, las águilas en ladrones, los tigres en pordioseros… La oscuridad parece sacar la realidad y los verdaderos e intensos personajes de Manhattan; los que viven en las alcantarillas y salen a inundar las calles de basura e inmundicia. Travis Bickle (Robert De Niro) decide ser taxista de noche por no poder dormir y se mezcla con la oscuridad y sus criaturas sin importarle los riesgos, la raza, las drogas, la sangre o el semen que forman un verdadero caos en la parte de atrás de su carro. Parece tener una doble vida donde en una, está obsesionado por esa suciedad, por esa peste que abarca la noche y otra, donde conoce a una mujer, Betsy, quien lo salva y lo envuelve con su sensibilidad y feminidad. La invita a su mundo: a ver una película porno y termina alejándola, asustándola. Esta es una de las razones por la que pasa a formar parte de los crímenes de la noche, de la agresividad y abuso. Compra 4 pistolas y adopta las enseñanzas y conocimientos que la noche le brinda. Comienza a ser parte de ella. Se convierte en ella. La mala jugada con Betsy hace que quiera salvar a una prostituta (Iris). Se involucra tanto con lo oscuro que empieza a formar parte de él, pero una matazón entre él y los proxenetas termina con todo ahogando todo en un baño de sangre.

 La noche es demasiado atractiva para todos: para Iris que no quiere salir de su trabajo hasta que Travis logra enviarla a donde sus padres, Betsy quien intenta adaptarse a lo que la rodea y es ya una realidad, y Bickle quien siente que recorrerla y vivirla es lo único que lo hace ser.
Lo grotesco de la noche, los disparos, la saliva, los fluidos, la agresividad, y toda esa interacción social hacen que Travis se sienta cada vez más solo. Cuando se mira al espejo y se pregunta –Are you talking to me? Im the only one here- demuestra precisamente que no tiene ningún contacto con nadie que no sea con él mismo. De allí sale la necesidad de participar con lo oscuro, de adentrarse en ese mundo que antes sólo observaba desde su taxi.
Scorsese se destaca con esta obra donde plantea esa enajenación del hombre y esa transformación que sale a partir de la soledad y que lo convierte en un ser con rabia y odio hacia el mundo.
Aplaudo, aplaudo esta maravillosa película.
  

domingo, 22 de mayo de 2011

Literatura


Definir la literatura parece una tarea complicada, por no decir imposible, ya que su noción es variable y está en constante cambio: siempre renovándose y modificándose. Para mí la literatura es un viaje a lo desconocido, un traslado de un punto a otro, donde el vehículo, al moverse, le da identidad a una nación y se convierte en su esencia. La literatura pues, es un norte, una guía de donde se parte, un modelo social y civil que designa lo indesignable, revela lo que no sabíamos o pasábamos por alto, y con esto, intenta provocar a las personas a pensar y a cuestionarse.

 La literatura es la expresión de formas de ver el mundo e incita a que la interpretación vuele en tornados de imágenes dentro de la imaginación de cada quien. Es una base que evoca y llama a los demonios internos para que se desaten y sean libres y salvajes para así, crear ficciones con la palabra.

La literatura es el arte que intenta imitar la realidad y termina siendo el producto de la humanidad, el producto de la vida, el producto de una comunicación mediante la expresión de belleza y deleite, y el producto que le da orden y sentido al mundo.

La lista de Shindler

Crocovia-Polonia, situada al oeste de la Alemania ocupada por los nazis al estallar la Segunda Guerra Mundial, contiene miles de familias de judíos que se vieron en la necesidad de abandonar sus lujosas casas para trasladarse a un gueto. Allí viven en la miseria, en la ruina y en la pobreza extrema. Al ser invadida y forjada por los nazis, se ven obligados a tragarse sus joyas con un poco de pan, callar sus estudios e inteligencia, darle veneno a los enfermos terminales, separarse de sus más queridos y esconderse entre paredes, techos, pisos, camas, closets, escaleras, y cualquier espacio donde cupiesen sus cuerpos. El gueto es liquidado, saqueado y vaciado de historias y amores de la “plaga” de judíos.
Oskar Schindler a la vez, aprovecha la guerra para hacerse rico utilizando empleados, precisamente judíos, para sacarlos de las listas de los que iban a ser asesinados por no ser “esenciales”. Tras la invasión del gueto, Schindler pierde a mucho de sus trabajadores, por lo que se alía con un comandante de los nazis, Amon Goeth, quien manda y maneja el campo de concentración, y éste le da su “independencia”, con lo que vuelve a hacer su lista de obreros hábiles con la ayuda de su contador Stern. Su fábrica comienza a ser un refugio que salva a los que más se destacan en el campo.
Ante el mandato de Goeth nadie está a salvo. No hay reglas para salvarse porque para él la gente no significa nada y tiene el poder de matar porque le complace y le brinda un goce inexplicable. A pesar del intento de Shindler en ablandarlo y tratar de que sea “el bueno”, nada le impide cargar con los cuerpos de 10000 judíos que son exhumados e incinerados. Una completa masacre.
Schindler hace una lista donde compra a los judíos del campo de concentración de Amon, para llevárselos a un lugar seguro (Brünnlitz-Checoslovaquia) y construir su fábrica de municiones. A pesar de aprovecharse de ellos, logró salvar a 1100 judíos y quedó pensando “pude haber salvado a más personas”.
Steven Spielberg nos estremece con esta magistral obra donde afloran sentimientos desgarradores por la humanidad.

El ladron de orquideas


Spike Jonze trabaja el tema del peligroso trabajo de escribir. Por un lado, escribir acerca de un personaje lleno de esperanzas, de proyectos, de amores y pasiones, y de tanta vida, parece inundar las tristezas de quien lo aborde, como es el caso de Susan (Meryl Streep) quien se nos presenta como una mujer perdida en un matrimonio y un trabajo en el New Yorker, y quien puede ser salvada tan sólo por la escritura del personaje de John que la invita a llenarse de ese mundo intenso, penetrante y de aventuras que vive. Por otro, encontramos el inseguro, dudoso e inexacto modo de escribir de Charlie Kaufman (Nicolas Cage) quien pretende despegarse del libro best-seller de Susan y crear un guión totalmente distinto. Intenta que sea una adaptación de lo literario ya escrito, pero que sea algo completamente original. Su frustración llega al no poder encontrar inspiración porque debe seguir las reglas ya establecidas en el libro y no poder liberarse de la guía que lo mueve. Los guiones sencillos y casi ridículos de su hermano gemelo Donald, lo ponen en tensión y de mal humor. Le es difícil creer que alguien que siempre está con mujeres, que bebe y se va de fiestas, y que vive de esa manera tan superficial, pueda escribir guiones, que al parecer son excelentes, y ganar millones. La escritura de un guión próximo a la realidad parece ser la única forma de salir del caos que tiene Charlie en su mente. Se involucra en lo que escribe, se mete en su propia historia para vivirla y sentirla y de esta manera, parece estar más satisfecho. Por el hecho de tener una historia creíble y tangible. El problema llega cuando descubre que su personaje adorado, Susan, no es como creía sino todo lo contrario. Jonze, con un final pienso que apurado y empujado sobre la muerte de John y su hermano Donald (por enterarse de su “otra” vida, Susan decide matar a los hermanos con la ayuda de su nuevo amante) parece confirmar que escribir acerca de la vida de uno mismo es trabajo arriesgado y temeroso.


sábado, 21 de mayo de 2011

Aceite

Aceite

El despertador sonaba a lo lejos. Era atorrante. Era realmente insoportable y sofocante. Una mano gorda y torpe empezó a tantear el terreno. Primero la pared, luego una hamburguesa mordida en la mesa de noche, y fue golpeando todo, desde un pote de pastillas, una lámpara, helado, hasta llegar al aparato que chillaba sin cesar. Lo apretó, meneó y sacudió, pero seguía con su ruido incesante. La mano logró empujarlo y el viejo reloj cayó en un cesto de basura llena de un líquido con grumos y tropiezos color marrón con rojo. Esta especie de fluido espeso y movedizo pareció tragarse el reloj sin ningún esfuerzo, disipando el sonido hasta matarlo. La manó regresó y desapareció entre la cobija de una cama donde un cuerpo soñoliento ocupaba la mitad de su tamaño king size. Sonó el teléfono y una almohada sobre la cabeza pareció la manera perfecta de olvidarse del mundo, del sonido, de la gente, del trabajo y de sí misma. La llamada terminó pero en seguida el ring ring la exasperó. Por partes, como si fuese un largo y tedioso proceso, el cuerpo se puso de lado, el brazo empujó el colchón, las piernas salieron hacia lo que para ella era un infinito viaje hasta el piso, y atendió. Ya era la quinta vez que sonaba. Silencio. Una voz ronca y como si cargara una tristeza superior a todos los males respondió
-Hoy no creo poder ir a la oficina, discúlpame… sí, lo sé… ah bueno… está bien, no se preocupe… si es urgente… pues si lo necesita hoy mismo, yo voy… ¡claro, entiendo…! llegaré en una hora-.
Se paró con una lentitud sufrida casi insoportable de ver y se dirigió a su lugar de refugio y trampa. Ese espacio que la amenazaba y llevaba al límite del precipicio pero que, a la misma vez, la tranquilizaba y reconfortaba de alguna manera que no conocía. No soportaba ese sitio pero era su lugar seguro. Se paró ante él primero con los ojos cerrados. Esta era su rutina y sin embargo cada día debía prepararse para el rito. Abrió los ojos despacio. Era como si cualquier movimiento de cuerpo le doliera. Como si hubiese estado inmovilizada por años y el despertar brusco y súbito hiciera que sus huesos crujieran. La imagen que apareció en el espejo fue inquietante y lo mostró con una mueca de disgusto. Se quitó el gran camisón blanco talla XXXXXXL y quedó completamente desnuda. Cambió de posición varias veces. De frente, con sus senos monstruosos que colgaban deprimidos de su pecho, hizo el mismo gesto. Su expresión no cambió cuando se puso de lado y cuando le dio la espalda a su reflejo. Cuando volvió a su posición original, se vio con humillación y maltrato su celulitis, estrías, várices y pedazos de piel que se cubrían entre sí, y empezó a pellizcarse los rollos. Agarraba duro zonas de su piel y la extendía hasta sus límites desde donde la soltaba haciendo que el resto de la barriga temblara. Hizo esto hasta que la zona se tornó morada con fucsia y luego subió la mirada para rechazarse nuevamente.
Su asombro llegó cuando los pedazos de estómago empezaron a caer sobre la alfombra, a deslizarse por el suelo, subir la pared y lanzarse por la ventana. Las capas de grasa comenzaron a desprenderse de su cuerpo y hacer pequeños grupos, cómplices entre ellos, de enfrentamiento contra la mujer de quien hasta unos segundos eran parte, que los había creado, implicados en una huida de su guarida. Ella, perpleja, veía cómo su barriga después de ser desprovista de carne, empezó a ser líquido, líquido que corría por sus piernas y creaba pozos inmensos a su alrededor. El olor empezó a ser más fuerte. Olía a aceite. Su grasa era aceite. Estaba desprendiendo aceite. Olió después a algo frito. Algo que se mezclaba con el aceite y dirigió la mirada a la ventana, donde algo parecía volar, o más bien, caer. Se acercó a la ventana y se dio cuenta que desde su apartamento salía humo. Su PH estallaba en llamas y sus vecinos, desesperados y sin hallar otra solución, salían del espejo y se lanzaban al vacío. Observó sus cuerpos perfectos desplomándose y convirtiéndose en pedazos de carne. Se transformaron en grasa, en su grasa, en grasa de la barriga de aquella mujer. Cerró la ventana y volvió al espejo. Esta vez levantó la mirada más rápido. Esta vez se pasó la mano por sus costillas hambrientas, por sus piernas desnutridas (hirsutas, reducidas a hueso), por su cara cadavérica donde su piel tocaba sus huesos, sus chupadas nalgas, y se sentó en el piso, derrotada. Esta vez vio su mano y escondió todos sus dedos menos el índice, el cual metió en su boca y empujó hasta la garganta, provocando pequeñas convulsiones que finalmente hicieron que estallara un chorro de líquido espeso, con grumos y tropiezos, color marrón y rojo.