Spike Jonze trabaja el tema del peligroso trabajo de escribir. Por un lado, escribir acerca de un personaje lleno de esperanzas, de proyectos, de amores y pasiones, y de tanta vida, parece inundar las tristezas de quien lo aborde, como es el caso de Susan (Meryl Streep) quien se nos presenta como una mujer perdida en un matrimonio y un trabajo en el New Yorker, y quien puede ser salvada tan sólo por la escritura del personaje de John que la invita a llenarse de ese mundo intenso, penetrante y de aventuras que vive. Por otro, encontramos el inseguro, dudoso e inexacto modo de escribir de Charlie Kaufman (Nicolas Cage) quien pretende despegarse del libro best-seller de Susan y crear un guión totalmente distinto. Intenta que sea una adaptación de lo literario ya escrito, pero que sea algo completamente original. Su frustración llega al no poder encontrar inspiración porque debe seguir las reglas ya establecidas en el libro y no poder liberarse de la guía que lo mueve. Los guiones sencillos y casi ridículos de su hermano gemelo Donald, lo ponen en tensión y de mal humor. Le es difícil creer que alguien que siempre está con mujeres, que bebe y se va de fiestas, y que vive de esa manera tan superficial, pueda escribir guiones, que al parecer son excelentes, y ganar millones. La escritura de un guión próximo a la realidad parece ser la única forma de salir del caos que tiene Charlie en su mente. Se involucra en lo que escribe, se mete en su propia historia para vivirla y sentirla y de esta manera, parece estar más satisfecho. Por el hecho de tener una historia creíble y tangible. El problema llega cuando descubre que su personaje adorado, Susan, no es como creía sino todo lo contrario. Jonze, con un final pienso que apurado y empujado sobre la muerte de John y su hermano Donald (por enterarse de su “otra” vida, Susan decide matar a los hermanos con la ayuda de su nuevo amante) parece confirmar que escribir acerca de la vida de uno mismo es trabajo arriesgado y temeroso.

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