Rodrigo García, director de Nueve vidas (2005), Passengers (2008) y Cosas que diría con sólo mirarla (2001) demuestra su aprecio para las historias cruzadas que se conectan entre sí en la película Madres e hijas (2009). Las vidas interconectadas de sus tres personajes femeninos: Karen, Elizabeth y Lucy, representan los tres pilares o más bien, personajes de la adopción. La madre que por circunstancias de la vida decide dar a su hija en adopción, la adoptada y la mujer que desea con vehemencia adoptar. La que siente un rechazo por la hija, la que siente el abandono de la madre y la que se siente incapaz de crear un hijo.
Karen (Annette Bening), una niña de 14 años, decide dar su hija en adopción tras la insistencia de su madre quien cree estar haciendo lo mejor para ambas, hija y niña. 36 años después nos encontramos con que ésta mujer, completamente sola y trabajando en un sitio de terapias para ancianos, sigue arrepentida de la decisión tomada. A pesar de perder a su madre quien la había privado de tener a su bebé, y de necesitar cariño constante, Karen no da su brazo a torcer cuando conoce al amor de su vida por miedo al rechazo. Poco a poco se abre y entabla una relación sentimental con él y es cuando decide buscar a su hija.
Elizabeth (Naomi Watts), de 36 años, aparece como una mujer fuerte, segura de sí misma y de la persona que es. Empieza a trabajar en una firma de abogados y pronto, entabla una relación sexual con su jefe. Por el hecho de tener una identidad arrebatada, es decir, haber sido dada en adopción, Elizabeth tiene problemas en cuanto a establecer vínculos fuertes con las otras personas que realmente se interesan por ella, por lo que, sin querer, intenta desprenderse de ellas, incluso cuando más las necesita. Así sucede cuando queda embarazada de Paul (Samuel L. Jackson) y decide dejar la firma. El abandono la tumba y es cuando decide contactar a su madre con la ayuda de un lugar especializado y encargado de adopciones. Una noche, cargando unas cajas pesadas, tiene dolores y finalmente, al llegar al hospital, muere.
Lucy (Kerry Washington), mujer encantadora y suave, está desesperada por ser madre y cree que está lista para serlo, con o sin su esposo. Ha hecho el intento numerosas veces y finalmente cree que la adopción es la opción que más le conviene. Nerviosa, torpe y tratando de impresionar, va a entrevistarse con una niña quien quiere dar a su hija en adopción. La “operación” no logra darse pues la niña se arrepiente al sostener a la bebé y no logra concluir el proceso. Lucy quedará destrozada y sola pero luego, verá luces cuando una monja le da la noticia que hay una niña recién nacida y sin madre.
Rodrigo García reúne en esta película los temas de la maternidad y los lazos irrompibles entre madres e hijas donde la sangre no es lo más importante. Aborda también temas acerca de las decisiones tomadas, las oportunidades perdidas y el poder de los vínculos.

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