Reverón, una magnífica película de Diego Rísquez que sin duda alguna volvería a ver, me atrapó por completo desde el principio donde la alegría de un pueblo, incita a adentrarnos en un mundo desconocido, en un mundo fuera de lo normal y común, en un mundo al que no estamos acostumbrados. La música abarcando los escenarios de pasión, locura, pintura, amor, recreos, seducción, colores y luz me inundaron de una felicidad indescriptible. Los tambores me invitaban constantemente a adentrarme en la historia y bailar con Armando mientras hacía sus ritos antes de usar la paleta de colores. Juanita, con su cariño, dulzura y ternura hicieron que no quisiera irme nunca del Castillete; hizo que me sintiera en casa, que me sintiera cómoda y que me sintiera segura. Armando con sus juegos me divirtió e hizo que estallara en carcajadas en varias ocasiones. Sí me hubiese gustado que su locura, como siento con el verdadero Armando Reverón, hubiese sido menos burlona, menos de payaso. Me hubiese encantado que su locura se hubiese mostrado como una pelea interna, algo de no encajar, de estar en una tormenta constante, pero por dentro; Una enajenación muda, una demencia que se lleva adentro. Quedé con ganas de más silencios, como el del principio, porque así, se entiende más el personaje, con pura imagen. Puros rostros, pura luz. Entiendo que Armando cuando tenía visita hacía un show donde jugaba con el duelo que tenía entre la realidad y la fantasía, lo irreal, la ficción, pero esto no era un estar constante, no era así permanentemente; Todo lo contrario, era reflexivo, pensativo, ensimismado, abstraído de las verdades absolutas. Faltó esto y se vio una actuación, aunque extraordinaria, sobreactuada un poco en el sentido de que imaginaba a este personaje más calmado y más recogido, absorto en lo que él creía que era el mundo, su mundo propio. No lo veía haciendo ritos con velas, sino simplemente sentado viendo el mar, abrumado por la grandeza de la naturaleza que lo rodeaba. A partir de esto debo decir que Juanita para mí, salvó la película. Qué grande, qué asombrosa, qué sorprendente. Simple pero fuerte. Sencillo pero con una potencia increíble.
Me encantó y quedé maravillada de que se pueda hacer algo de esta magnitud en este país. Una belleza.
